“El riesgo real de la IA no es técnico, sino cognitivo: estamos perdiendo pensamiento crítico y capacidad de decisión”
En un contexto de aparición masiva de la inteligencia artificial en el entorno profesional, David Comí, director y formador de Incrementis, pone en alerta un cambio silencioso pero relevante: el impacto de las herramientas sobre inteligencia artificial, que está afectando en los procesos cognitivos de los profesionales, especialmente en la pérdida progresiva de pensamiento crítico, reflexión, concentración y capacidad de decisión autónoma.
Comí explica que esta situación se está detectando de forma recurrente en programas formativos como “Toma de Decisiones y Resolución de Problemas” o “Trabajar con alto Rendimiento: Más con menos” entre otros, dirigidos a perfiles técnicos y cualificados. En ellos, observa una paradoja creciente: cuanto mayor es el uso de la inteligencia artificial en el día a día, mayor es también la tendencia a delegar procesos cognitivos esenciales.
Decidir no es responder de inmediato: es pensar adecuadamente
Desde Incrementis se remarca que la toma de decisiones no es un acto inmediato, ni reactivo, sino un proceso estructurado que requiere cuatro fases fundamentales: definir un objetivo, generar alternativas, analizarlas y actuar.
Sin embargo, malos hábitos que están apareciendo y acelerándose actualmente, como la impulsividad, la necesidad de inmediatez o la dependencia de respuestas externas, están debilitando este proceso. “Cuando se sustituye el razonamiento por la respuesta rápida, se pierde objetividad y aumenta el riesgo de decisiones precipitadas y equivocadas”, señala Comí.
La paradoja de la IA: más información, menos pensamiento
El uso intensivo de herramientas sobre inteligencia artificial está introduciendo una paradoja en los entornos profesionales: se dispone de más información y más capacidad de respuesta que nunca, pero no siempre se traduce en mejores decisiones.
Según Incrementis, esto se debe a que muchos profesionales están reduciendo inconscientemente la fase de generación de alternativas, sustituyéndola por soluciones inmediatas. Sin embargo, la calidad de una decisión depende directamente del número y calidad de opciones previas que se han considerado.
“El riesgo real de la IA no es técnico, sino cognitivo: estamos perdiendo pensamiento crítico y capacidad de decisión. Decidir no es elegir entre dos opciones, es generar varias alternativas y evaluarlas. Sin alternativas no hay verdadera decisión”, subraya David Comí.
Factores que debilitan el pensamiento crítico
Desde la consultora identifican una serie de patrones que afectan negativamente al proceso de decisión: la duda constante, el pensamiento en formato condicional (“me gustaría…”), la tendencia a magnificar problemas o la preocupación excesiva sin actuar.
También se observan distorsiones cognitivas como el exceso de pensamiento grupal, la hiperracionalización o la dificultad para distinguir entre causas y síntomas de un problema, lo que lleva a decisiones superficiales que no abordan el origen real.
A ello se suma la creciente dependencia de la validación externa, ya sea de otras personas o de la tecnología, que reduce la autonomía y la capacidad de pensar por uno mismo en la toma de decisiones.
Pensamiento abierto para generar, foco para decidir
Para Incrementis, uno de los errores más habituales es mezclar dos procesos mentales que deberían ser secuenciales: la generación de alternativas y su evaluación.
La primera fase requiere un pensamiento abierto, creativo y sin juicio; la segunda exige foco, análisis y priorización. Cuando ambas se mezclan, el resultado suele ser una decisión más impulsiva, precipitada y menos objetiva.
Entrenar el cerebro en la era de la IA
Como respuesta a este escenario, la consultora defiende la necesidad de reforzar el entrenamiento neurocognitivo mediante lo que denomina “gimnasia cerebral”.
Este enfoque incluye ejercicios que fortalezcan la atención, memoria, concentración y análisis, así como prácticas orientadas a estimular la creatividad y la percepción, como la lectura activa o el uso de actividades con estímulos incompletos a resolver (por ejemplo, ver sin sonido o escuchar sin imagen).
El objetivo es fortalecer la capacidad de análisis, la autonomía y la seguridad en la toma de decisiones en entornos cada vez más complejos. “No es la tecnología el problema, sino cómo pensamos con ella”
Para David Comí, el debate no está en la inteligencia artificial en sí, sino en cómo está modificando la forma de pensar de las personas. “No se trata de dejar de usar IA, sino de evitar que sustituya funciones esenciales del pensamiento humano. El verdadero riesgo no es técnico, sino cognitivo”, concluye.
Acerca de Incrementis: www.incrementis.es
Incrementis se dedica a la formación y desarrollo de habilidades profesionales, ofreciendo programas innovadores para potenciar el rendimiento y la cohesión en equipos de trabajo.
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